
20/3/10
14/12/09
13/11/09
6/10/09
Chupetes: ¿Sí o no?
A favor: Los bebés necesitan succionar. Succionar les calma y tranquiliza. El pecho de la madre no siempre está disponible. Los chupetes son un sustituto práctico.
En contra: Los chupetes son pezones artificiales y pueden confundir al bebé, lo cual desemboca en una succión ineficaz al pecho. Los chupetes disminuyen la cantidad de tiempo que el bebé mama y esto puede afectar la provisión de leche de la madre.
¿Es adecuado que una madre lactante ofrezca un chupete a su bebé? La respuesta es... a veces.
En muchas partes del mundo angloparlante los chupetes se llaman dummies. Imitan el pecho de la madre, igual que los maniquíes imitan a seres humanos en los escaparate o en pruebas de accidentes automovilísticos. Hay ocasiones en que los maniquíes cumplen una función positiva y útil, también hay veces en que un maniquí sencillamente no basta.
Los bebés tienen el instinto de succionar. Sin este instinto quizá no obtendrían el alimento que necesitan para crecer y abrirse camino. Además, la succión les calma. Su ritmo estable, la concentración en una tarea y la placentera estimulación de las extremidades nerviosas les ayudan a sobreponerse y a superar las muchas perturbaciones de un mundo grande y confuso. Hubo un tiempo en que los "expertos" fruncían el ceño ante el uso de chupetes. Estos mismos consejeros también disuadían a los padres de coger en brazos a un bebé que llorara. Afortunadamente, el mundo ha aprendido a tolerar un poco más las necesidades de los bebés, incluida la de succionar. Es muy posible que todos los recién nacidos de un hospital, alineados con aire satisfecho junto a la ventana del nido, lleven chupete.
Pero... un momento. ¿Qué hay de malo en esa imagen? Los chupetes son pezones artificiales. Y los pezones artificiales, ya sean tetinas o chupetes, pueden interferir en la lactancia. Es uno de los problemas de ofrecer el chupete a un bebé lactante, especialmente si todavía no domina la técnica de mamar. Succionar un pezón artificial es diferente a succionar el pecho. El pezón artificial ya está formado y es bastante rígido. El pecho es blando y flexible. Para agarrarse al pezón, el bebé debe abrir mucho la boca; el pezón se coloca en la parte posterior de la boca, alejado del movimiento de las encías y de la lengua. Es fácil meterle al bebé un chupete en la boca aunque la tenga cerrada. Los músculos de la boca, la cara y la lengua se mueven de forma diferente cuando succionan un pezón artificial; el movimiento que sirve para beber de un biberón o calmarse con un chupete no lograría sacar leche de un pecho.
En los primeros días, pasar constantemente del pecho a un pezón artificial y viceversa es demasiado pedir de un bebé que aún está aprendiendo a mamar. Los bebés que intentan succionar el pecho del mismo modo que succionan una tetina o un chupete se frustran rápidamente y lloran, se ponen nerviosos o rechazan el pecho. No sacan mucha leche y les cuesta aprender a mamar de forma eficaz.
Succionar un chupete también puede interferir con el suministro de leche de la madre y, en última instancia, con el crecimiento del bebé. Los bebés que satisfacen parte de sus necesidades de succión con un pezón artificial pasan menos tiempo estimulando el pecho, lo que posiblemente interfiere con la producción de leche. Si se interrumpen las tomas y se le ofrece un chupete al bebé, éste puede verse privado de la leche que se produce al final de la toma, alta en calorías y grasa y muy importante para el crecimiento. Un reciente estudio llevado a cabo en Brasil ha descubierto que los bebés a los que se ofrece el chupete antes del primer mes corren un mayor riesgo de destete durante los siguientes 24 meses (Victora 1993).
El chupete puede suponer un riesgo para los bebés amamantados. No sirven para reconfortar a un recién nacido y las madres deberían evitarlos hasta que la lactancia esté bien establecida, al menos durante las primeras tres o cuatro semanas. No debe ofrecerse un chupete a los bebés que tienen problemas para aprender a agarrarse al pecho o succionar correctamente, ni a bebés cuya madre está preocupada por la provisión de leche o porque su bebé se pone nervioso al mamar.
Lo que debe ofrecerse a los recién nacidos que necesitan succionar es el pecho de su madre. Algunos bebés maman casi continuamente o durante largos períodos de tiempo los primeros días. Es bueno para ellos. Se benefician del calostro y de una abundante provisión de leche al cabo de los pocos días. Se ahorran la agonía física y emocional de llorar. Aprenden a tranquilizarse. Por supuesto, los bebés tienen que estar con su madre si dependen de la lactancia para reconfortarse. Lo primero es no permitir que se dé la clase de separación postparto entre madre hijo que convierte el chupete en algo útil. Y prestando la debida atención a la postura, a cómo se agarra el niño y a si succiona bien, el dolor de los pezones puede reducirse al mínimo e incluso evitarse por completo.
Cuando crece, es posible que el bebé necesite succionar aun teniendo la tripita llena: quizá necesite dormir o despertarse, o simplemente relajarse. Esta succión de consuelo es diferente a la succión activa y vigorosa con la que el bebé extrae la leche para saciar su hambre. En este momento es posible que algunas madres decidan utilizar chupete. Sin embargo, los bebés amamantados pueden consolarse también con el pecho de su madre, ya que el flujo de la leche materna se reduce a un pequeño goteo cuando la succión del bebé pierde intensidad. Los bebés pueden continuar succionando sin empacharse y sin tragar mucho aire.
Las tetinas no poseen este sistema de regulación controlado por el bebé. La leche fluye a un ritmo regular, por lo que el bebé saciado que desea succionar durante diez minutos más puede acabar sobrealimentado, con burbujas de gas y potenciales regurgitaciones. Aquí es donde un chupete puede satisfacer una necesidad importante.
Los chupetes también pueden ser útiles para un bebé amamantado. Pueden calmarle cuando su madre no puede amamantarle en un momento dado, porque está conduciendo, pagando en el supermercado o atendiendo a un hijo mayor. Pueden calmar a un bebé con cólicos cuya madre tiene los brazos, los pechos y la paciencia gravemente sobrecargados. Pueden reconfortar a un bebé que, por una u otra razón, está demasiado alterado o nervioso para mamar. Las madres de gemelos encuentran útiles los chupetes cuando un bebé tiene que esperar mientras su madre se hace cargo del otro. Los hospitales utilizan chupetes con bebés prematuros, para estimular el reflejo de succión y ayudarles a asociar la succión con el suministro de alimento, incluso cuando se alimentan por sonda.
El uso frecuente de chupetes puede crear pequeños "adictos" a los que rara vez se ve sin su "enchufe" en la boca. El abuso del chupete también puede crear problemas de lactancia, así que las madres preocupadas por su provisión de leche o con bebés reticentes a tomar el pecho deben reconsiderar sus decisiones sobre el chupete y el biberón. Sin embargo, es la madre la que conoce mejor a su bebé. Con una buena información sobre el uso del chupete, podrá tomar la decisión acertada para su familia.
Tanto los chupetes como la succión de consuelo al pecho tienen su lugar. Hay momentos en que un chupete puede sustituir el pecho de la madre, calmar la inquietud de un bebé y restablecer la paz para todos. La succión de consuelo ayuda a asegurar un abundante suministro de leche y proporciona sensaciones cálidas a la madre y al bebé. Cuando el chupete se utiliza juiciosamente, la madre puede ambas alternativas.
28/9/09
¿Qué es disciplina con amor?
Disciplina con amor significa, simplemente, centrar la paternidad en la empatía y en el respeto.
Pocos padres están preparados para el torbellino emocional que acompaña el enamoramiento de su primer bebé. Cuandos tienen en sus brazos la vida de su nuevo hijo, se establece entre ellos una confianza sagrada y abren su ser a nuevas fronteras de compasión hacia otras personas. Cuando llega el momento de proveer guías y límites para esta persona tan importante, Los padres se pueden encontrar repensando los viejos conceptos sobre disciplina y lo que significa ser padres. El bebé puede haberles enseñado que cuando se trata de nutrición, de sueño y de ser cargado, pueden creer en sus intuiciones y en su propia voz interior por encima de las voces externas que les dicen qué es lo que “deberían” estar haciendo. Es reconfortante descubrir que son los expertos que más conocen a su propio hijo. ¿Puede ser cierto lo mismo en lo que a disciplina se refiere? Si, pueden creer en lo que su corazón les indique al respecto. Si se lo permiten, su hijo siempre los guiará hacia caminos amorosos. Los padres pueden hacer de la comprensión y el respeto el eje de su manera de ser padre/madre.
¿Cuáles son algunas de las metas de la disciplina con amor?
Muchos padres que se encuentran atraídos por la disciplina con amor comparten la idea de la importancia central que tienen la empatía y el respeto para lograr sus metas como padres. Probablemente es justo afirmar que, independientemente de su estilo de ser padres, la mayoría de papás quiere que sus hijos desarrollen la habilidad de satisfacer sus propias necesidades de una forma que funcione adecuadamente para sí mismos y para los demás. Los padres que practican la disciplina con amor también desean otras cosas. Posiblemente algunas de estas metas les pueden sonar familiares:Seguridad. Queremos que nuestros niños se sientan seguros con nosotros, de manera tal que podamos ser fuente de credibilidad a la que nuestros hijos se puedan dirigir a lo largo de sus vidas.
“Quiero que mis hijas vean su relación conmigo como un lugar para refugiarse, como un lugar al que se puedan retirar para encontrar honestidad, amor incondicional y soporte. Quiero enseñarles a que me crean, no a que me teman. Quiero preservar las tiernas almas que veo en ellas”, Liz M.
Compañerismo. La disciplina con amor es una manera de formar equipo entre padres e hijos. Reconocemos que el comportamiento de nuestros hijos es un reflejo de su edad y de su nivel de desarrollo y que algunos comportamientos son difíciles de enfrentar. A la vez que queremos guiar sus comportamientos indeseables, queremos ver los sentimientos y necesidades que se encuentran detrás de dichos comportamientos y ayudarles a satisfacer esas necesidades de manera más constructiva, a medida que crecen. Reconocemos que crecer toma su tiempo. La calidad de la relación padre-hijo, más que la presencia o ausencia de comportamientos particulares, es la mejor medida de la efectividad que tiene la disciplina con amor.
“La mayoría de padres quieren saber qué va a “funcionar”, como si la disciplina fuera algo mágico que hiciera que el niño nunca se portara mal. La disciplina con amor anima a mi hija a estar conmigo y no contra mí; y a mí, a estar con ella y no contra ella. Realmente creo que es algo que nos lleva a tener una relación más feliz y más positiva en general. Le da a mi hija la sensación de que ‘Mamá y yo estamos juntas en esto’ en vez de Es mamá contra mí”. Elizabeth B.
Construir mejores opciones. Al mirar las intenciones positivas que se encuentran detrás del comportamiento de nuestros hijos, podemos construír mejores opciones para la próxima vez, lo cual constituye un acercamiento infinitamente más positivo que simplemente erradicar el comportamiento indeseado. En la medida en la que trabajamos con nuestros hijos para resolver los problemas, podemos ayudarles a aprender a ser personas que buscan soluciones de manera efectiva.
“Para mí, la disciplina con amor es una forma de criar niños que se centra en construirlos y no en destruírlos. Este método de ser padres muestra respeto por los niños como seres humanos y les enseña a hacer lo mismo con los demás”. Carissa D.
Autodisciplina. Queremos que nuestros niños desarrollen su propio sentido de autodisciplina. Para lograrlo, no queremos que su voz interior se encuentre aplastada por nuestra voz, más bien queremos proporcionarles guías adecuadas y modelar su rol. Queremos que crezcan como las buenas y lindas personas que son.
“Mi meta es que mi hija mantenga “intactas” todas las partes innatas de su personalidad, con las que nació. Creo que las técnicas de disciplina no-tiernas le enseñan a los niños a esconder, suprimir e incluso odiar partes de sí mismos que son la causa de que sus padres los invaliden, irrespeten, subestimen o golpeen. Los niños curiosos a los que se les dice repetitivamente ‘no’, pronto cierran su curiosidad. El niño sensible que es regañado por llorar o por protestar injustamente, aprenderá a ser duro consigo mismo”. Mariah W.
Fomentar respeto y empatía. La disciplina con amor nos permite proteger y cultivar más los elementos humanos en nuestros niños, mientras que los métodos tradicionales de disciplina tienden a pasarlos por alto.
“La disciplina con amor parece ser el camino obvio hacia los elementos claves en la felicidad real: sensación de conexión con otros, amor propio y habilidad para expresar sentimientos y necesidades con el fin de que éstas sean satisfechas”. Dore T.
Al hacer énfasis en la empatía y el respeto en cada interacción, la disciplina con amor cultiva estas cualidades en cada paso del camino, en nosotros y en nuestros niños.
“Si yo quiero que mis hijos aprendan empatía, tengo que mostrar empatía hacia ellos. Si yo quiero que aprendan respeto, tengo que respetarlos a ellos”. Michelle N.
¿Es “disciplina” una palabra tan negativa?
Muchos padres se asustan con una palabra que evoca imágenes de una figura autoritaria yendo por el temido cinturón, o expresando un “al rincón”. Los diccionarios no son de gran ayuda, pues igualan disciplina con “entrenamiento”, “castigo” y “obediencia”. El mundo occidental ha asociado castigo, entrenamiento y control con el concepto de disciplina.
Pero en su raíz, disciplina simplemente significa “enseñar”. Como padres, construimos nuestra propia cultura familiar en todas las facetas y eso incluye nuestras concepciones sobre lo que es enseñar y aprender. Pocos de nosotros aprendemos mejor cuando estamos avergonzados y culpabilizados o cuando las ideas de otro son siempre impuestas sobre las nuestras.
Hay otra connotación sobre la palabra disciplina y es entenderla como un curso de estudios, como una práctica. Ocuparse pacíficamente de su hijo es, de hecho, una práctica a lo largo de toda la vida y que paga muchos dividendos personales, e incluso espirituales. Al emplear la disciplina con amor, usted puede encontrar que está aprendiendo tanto como su hijo.
¿Cuál es la fortaleza de la disciplina con amor?
¿Puede la disciplina con amor ser dura también?
En principio, la frase “disciplina con amor” puede evocar la idea de disciplina débil e ineficaz. Puede recordar familias en las que no hay límites, donde los niños controlan a sus padres, o niños egoístas e impulsivos que nadie quiere tener alrededor. O tal vez se piensa en padres temerosos de decir no por las pataletas de sus hijos. Ese tipo de crianza existe, pero es más adecuado llamarlo “crianza permisiva”. Afortunadamente, la disciplina con amor no tiene nada que ver con este ineficaz y problemático estilo de criar. La disciplina con amor es fuerte y efectiva. Veamos cuatro mitos respecto a la disciplina con amor, que contribuyen a crear dudas con respecto a su efectividad:
Mito 1: La disciplina con amor significa ausencia de límites. Ser respetuoso y compasivo hacia los hijos y consigo mismo, significa tener límites adecuados. Un padre no está respetando a su hijo si le permite pisotear a los demás, así como tampoco se está respetando a sí mismo ni a quienes le rodean. Si siempre se le dice “si” a los pedidos que hacen los hijos, ellos no aprenderán el significado (y el valor) del “no”. Los límites firmes, cuando son necesarios, le ayudan a los niños a moverse de manera segura y armoniosa a lo largo de su vida. Los padres que practican la disciplina con amor, piensan con cuidado cuáles límites son importantes y cómo ayudar a sus hijos a aprender a satisfecer sus necesidades dentro de dichos límites.
Mito 2: Disciplina con amor significa padres pasivos. ¡Al contrario! Debido a que los límites y el respeto son aspectos importantes, los padres que usan disciplina con amor son doblemente activos. En algunos métodos de disciplina tradicional, un padre puede hacer una demanda desde el sofá y luego castigar al niño por no complacerlo y considerar esto disciplina. Practicar la disciplina con amor requiere una activa participación de los padres, en la medida en que consideran qué expectativas son realistas de acuerdo con el nivel de desarrollo del hijo. Se toman el tiempo para bajarse al nivel de cada hijo y comunicarse con ellos de una manera en la que realmente cada niño entienda. Tratan de ser proactivos, adelantándose a los problemas cuando es posible. Aprenden acerca de sus propias reacciones y cultivan aquellas que son pacíficas. Involucran a sus hijos en la búsqueda de soluciones y les ofrecen la ayuda material que sea necesaria. ¡Es un trabajo duro!
Desde el sentimiento hasta las acciones, la disciplina con amor implica que los padres estén completamente presentes y comprometidos.
¿Cuándo iniciar la disciplina con amor?
Tan pronto como los padres descubran que la quieren para su familia. El bebé se beneficiará con su empatía y respeto cuando la madre lea sus señales y responda amamantándolo o meciéndolo. Cuando un bebé empieza a gatear la disciplina con amor toma la forma de ayudarle a mantenerse a salvo mientras explora. Estar a tono con el bebé y forjar habilidades positivas de comunicación mientras él se convierte en un niño que camina, será de gran utilidad a los padres en los meses y años venideros.
Por otra parte, nunca es demasiado tarde para cambiarse a la disciplina con amor. Muchos padres empiezan con patrones de disciplina más tradicionales y posteriormente se ven atraídos por la idea de disciplina con amor. Siempre es posible cambiar el camino. Brindar más empatía y respeto siempre puede fortalecer la relación padre-hijo y abrir nuevas opciones hacer juntos el camino.
Mito 3: Respetar al hijo debilita la posición como padre. ¿Qué tipo de fortaleza quiere tener? Sin duda, muchos padres piensan en la severa vieja escuela de la regla. Esta es la pavorosa, poderosa e improductiva escuela de “fuerza”. Pero al mirarla más de cerca y es posible ver una figura de autoridad engreída, alienante de los niños que tiene a cargo. Los niños pueden obedecer por miedo u odio hacia sí mismos, pero es poco probable que la severa vieja escuela de la regla permita que salga lo mejor de ellos. ¿Es esa la clase de fortaleza que usted quiere como padre?
El respeto y la empatía hacia su hijo llevan a los padres a adoptar una clase diferente de fortaleza. Una fortaleza que viene directamente de su propia humanidad y se conecta con la del hijo; que les ayuda a escuchar a su hijo y a tener en cuenta sus necesidades junto con las suyas propias. Se necesita más coraje para ser vulnerable ante los ojos del hijo, que para apoyarse en un rol autoritario y de superioridad.
El verdadero respeto es una calle de doble vía. Existe el gran temor en nuestra sociedad de que tratar al niño con respeto lleva a que éste le pierda el respeto a sus padres. Algunos métodos de disciplina insisten en que el respeto es una calle de una sola vía donde los padres merecen todo y los niños nada. Se necesita repensar esta creencia:
Hay que tener presente que decir que los niños merecen igualmente dignidad y respeto, no significa decir que la relación con el niño deba ser, en sí misma, de igual poder. Los padres tienen una visión más amplia y mayor experiencia. Estos son activos que ellos, como cuidador adulto le brindan al hijo. Ellos también tienen más responsabilidad por las elecciones que rodean a su hijo, de lo que él tiene. El hijo busca que sus padres ejerzan su autoridad de manera que todos se mantengan a salvo y que la vida fluya tanto como sea posible. Entre más respeto y empatía le brinde un padre a su hijo, más se fortalece su autoridad como persona benévola. El respeto tiene más vitalidad cuando es de doble vía. Cuando los padres tratan a su hijo con respeto, es más factible –y no menos- que él busque formas respetuosas de tratarlos a ellos y a los demás.
¡Empático no significa blando! Al contrario, la verdadera compasión hacia los hijos, le da a los padres fortaleza como tales y los lleva a proceder cuidadosamente. Les permite ver lo lindo y lo bueno que hay en cada hijo. Desde ahí, ellos pueden encontrar soluciones más positivas y poderosas. Algunas veces puede requerir paciencia adicional para enfocarse y conectarse desde la compasión con el hijo, particularmente si hay conflicto de por medio. Pero cuando se logra, esto da a los padres la fuerza para hacer elecciones más sintonizadas con su hijo y con ellos mismos.
Mito 4: La disciplina con amor no es efectiva. Puesto que la disciplina con amor se dirige más a guiar a cada hijo y no simplemente en erradicar comportamientos, le ayuda a los padres a dejarle espacios a los hijos para que continúen equivocándose en la medida en la que van aprendiendo. Nuevamente, la eficacia de la disciplina con amor puede ser medida más por la calidad de la relación padre-hijo, que por la rapidez con la que se hace desaparecer un comportamiento.
Al introducir el miedo en la ecuación, la disciplina tradicional puede, algunas veces, ser más rápida para detener un comportamiento indeseado. Pero asumir que la disciplina tradicional es más efectiva, incluso alcanzando esta meta, puede ser más fantasía que realidad. Con frecuencia, la naturaleza activa del castigo hace parecer que los padres están siendo muy eficientes. Pero hay que mirar detenidamente: en muchas ocasiones el comportamiento y el castigo se repiten permanentemente e incluso aumentan. Algunas veces el niño aprende a no ser descubierto y no a identificar qué es lo que hay de problemático en su comportamiento y mucho menos a saber cómo satisfacer sus necesidades.
La disciplina con amor ofrece formas de establecer y de mantener los límites, de manera tal que el niño se convierte en un participante activo, más que en uno pasivo o resentido.
¿Estoy aplicándola ya?
Mientras que algunas personas tienen la concepción errada de que la disciplina con amor es una paternidad inexistente, muchos se preocupan justamente por lo contrario, piensan que va a demandar más de ellos, de lo que ellos pueden hacer. Efectivamente, muchos padres, convencidos de la importancia de la empatía y respeto en su forma de criar, se sienten inseguros de afirmar que ellos ‘practican’ disciplina con amor. “¡Pero si yo me encuentro muy lejos de la perfección!”, es una de las reacciones. ¿Qué hay de equivocado en esta visión? ¿Cómo pudo la disciplina con amor entrar en el ámbito de los míticos super mamás y super papás?
Vamos a alejarnos de ese costoso malentendido y a mirar detenidamente qué no es disciplina con amor: ·
Las anteriores son ideas son más cercanas a un estilo de crianza tradicional, la cual hace mucho énfasis en lo que está bien y en lo que está mal y tiende a tener expectativas irreales tanto de padres como de hijos. Con frecuencia, estas ideas se mezclan con percepciones que se tienen acerca de la disciplina con amor, pero de hecho, no tienen nada que ver con ella. La disciplina con amor busca ir más allá de la dicotomía bien-mal y adopta una mirada real sobre padres e hijos.
Cuando los padres se esfuerzan seriamente por basar la crianza en la empatía y el respeto, realmente no hay manera de “hacer” mal la disciplina con amor. La disciplina con amor tiene una creencia profunda: entre más ternura y suavidad le pueda dar a su hijo y a usted mismo, mejor. Se cree en ello o no. No es algo que pueda hacerse mal. En la medida que los padres incluyan esta creencia en su vida familiar, encontrarán todo el espacio del mundo para mostrarse como son, para comprometerse con el confuso y significativo arte de desarrollar una relación con cada hijo, donde puede haber errores y a la vez sentirse bien consigo mismos, como padre/madre, a lo largo del camino.
Cuando los padres contemplan decir “practicamos disciplina con amor”, ¿vienen pensamientos negativos a sus mentes? “Pero si el comportamiento de mis hijos algunas veces me avergüenza en público”. “Algunas veces pierdo mi buen genio”. Ser consciente de estos pensamientos, les da la posibilidad de abrir espacio, tanto para los padres como para los hijos, dentro de la concepción de disciplina con amor. Pensar de dónde pueden venir las reacciones negativas y comparar con algún amigo de confianza lo que ocurre, puede ayudar a manejarlas mejor y a reemplazarlas con creencias más positivas acerca de la forma de ser padre.
La disciplina con amor no es algo lejano o inalcanzable. Si los padres la quieren, es suya ahora mismo. Como si fuera un sweater muy cómodo, la disciplina con amor es una creencia que puede abrigar a la familia entera, si los padres lo permiten.
Podemos cambiar el mundo
Nuestra sociedad, como un todo, se encuentra desgarrada en muchos sentidos debido a hábitos que se perpetúan a sí mismos: poder y control. Este patrón es reversible. Las generaciones recientes de padres han hecho progresos y se han alejado de los severos modelos autoritarios del pasado. A medida que avanza, el movimiento hacia una paternidad más respetuosa tiene un tremendo potencial.
Usted no puede chasquear los dedos y cambiar el mundo en un instante, pero si tiene el poder sobre la orientación que le da a su propia vida, su forma de tratar a la gente con la que se encuentra y más importante aún, usted puede ser el artífice de nuevas posibilidades para su familia. Usted puede cambiar el mundo desde su familia hacia el exterior.
Información perteneciente a la revista NUEVO COMIENZO, Vol. 18 Numero 1 Año 2006
23/9/09
Cólicos en el bebé amamantado
Los cólicos son uno de los misterios de la naturaleza. Nadie sabe verdaderamente qué son aunque cada uno tiene una pequeña idea al respecto. Habitualmente, los períodos de llanto comienzan cuando el lactante tiene de dos a tres semanas, se producen sobre todo en la noche y finalizan sobre los tres meses o a veces más tarde. Cuando el bebé llora, es inconsolable, pero si es cargado, mecido o paseado en carro, puede calmarse temporalmente. Para que uno diga que es un «bebé con cólicos», el lactante debe tener una ganancia de peso normal y buena salud. La definición de los cólicos se ha extendido casi a todos los «comportamientos molestos» y los llantos de un bebé; lo que no es forzosamente un error, ya que no se sabe verdaderamente qué son los cólicos. No existe tratamiento contra los cólicos; muchos medicamentos y estrategias han sido ensayadas, sin resultados probados.
Todo el mundo conoce el caso de un bebé con cólicos que usando un método dado se ha «curado». Se sabe también que casi todos las soluciones parecen funcionar, al menos temporalmente.
Aparte de los cólicos, pueden reconocerse en cualquier bebé amamantado con ganancia de peso normal y buena salud, tres causas que pueden ponerlo irritable.
Dos senos por amamantada.
La leche materna cambia durante una misma toma. La cantidad de grasa producida por cada seno aumenta a medida que la amamantada avanza. Si el bebé es colocado en el segundo seno muy pronto y antes de que haya tomado la leche grasosa del final de la lactada del primer seno, él recibirá menos calorías de las que hubiera podido recibir si hubiera vaciado ese primer seno; entonces, pedirá el seno más frecuentemente, y si toma una gran cantidad de leche en compensación por la reducida cantidad de calorías, existe el riesgo de que devuelva el alimento. Como la leche así ingerida es relativamente menos grasosa, el estómago se vacía rápidamente y una gran cantidad de azúcar (lactosa) llega al intestino. La enzima que digiere la lactosa, la lactasa, no es suficiente para esta tarea y el bebé puede presentar algunos síntomas de la intolerancia a la lactosa, o sea, tener gases, llorar y tener deposiciones verdosas en chorro. Esto mismo, puede producirse mientras come.Estos bebés no son intolerantes a la lactosa, aunque parecen serlo. Y por lo mismo no es una razón para dar leche artificial sin lactosa. Simplemente, las madres deben estar mejor informadas con respecto a la lactancia. Que se debe hacer?
a) No contabilizar el tiempo de succión. Madres en todo el mundo amamantan con éxito sin saber la hora. Los problemas de lactancia son más frecuentes en las sociedades donde todo el mundo tiene un reloj.
b) Ofrecer el primer seno tanto tiempo como sea necesario para permitir al bebe succionar y tragar hasta que él mismo lo suelte o se duerma. Si el bebé succiona solamente durante un corto período, la madre puede utilizar la técnica de compresión del seno para que el continúe succionando eficazmente. Algunos bebé pueden estar en el seno durante dos horas sin alimentarse, habiendo succionado solo algunos minutos. En este caso, la leche tomada puede ser relativamente baja en grasa. Si después de haber terminado de succionar el primer seno el lactante aún tiene hambre, se puede ofrecer el segundo seno a continuación.
c) En la siguiente comida, la madre puede comenzar por el último seno y proceder de la misma manera.
d) Los senos de la madre se adaptan rápidamente a este método sin ocasionar ninguna congestión ni desequilibrio.
e) Ninguna regla obliga a la madre a ofrecer los dos senos en cada comida, como tampoco a ofrecer un seno cada vez. Es conveniente dejar al bebé vaciar el primer lado, si es preciso estimulándolo a tragar por más tiempo por medio de la técnica de compresión del seno; pero si a pesar de esto, él quiere más, entonces ofrecerle el otro seno.
f) En ciertos casos puede ser útil alimentar al bebé con el mismo seno por más de una comida seguida, antes de ofrecer el segundo seno de la misma manera.
g) El problema puede agravarse si el bebé no se prende bien al seno. La buena toma del seno es la clave de una lactancia fácil.
El reflejo de eyección fuerte.
Un bebé que recibe demasiada leche rápidamente, puede volverse irritable en el seno y, algunas veces, ser considerado como un «bebé con cólicos». Dentro de este tipo de casos, el bebé tiene una ganancia de peso muy buena. Normalmente, algunos segundos o minutos después de haber comenzado a succionar, comienza a toser, se ahoga y parece querer apartarse del seno. Si se suelta repentinamente, la leche sigue saliendo. En seguida, el bebé puede solicitar el seno repetidamente pero se muestra caprichoso y todo se repite nuevamente. El bebé se mostrará irritado cuando el reflejo de salida de la leche es muy fuerte e impaciente cuando es débil. Las lactadas se vuelven una experiencia frustrante tanto para la medre como para el bebé. En algunos casos raros, un bebé puede llegar a rehusar el seno después de algunas semanas (a menudo cerca de los tres meses). ¿Que se puede hacer?a) Si aún no se ha hecho, ensayar a ofrecer un solo seno en cada comida. En ciertos casos se debe ofrecer el mismo seno por dos o tres lactadas antes de ofrecer el otro. En caso de congestión del seno no utilizado, extraerse únicamente la leche que alivie la incomodidad.
b) Dar el seno antes de que el bebé esté hambriento. No demorar las lactadas dando agua o chupos (un bebé amamantado no tiene necesidad de complementos de agua, incluso cuando la temperatura es alta). Poner el bebé al seno desde el momento en que el muestre señales de hambre. Si está aún adormecido, tanto mejor. Un bebé hambriento se tirará sobre el seno provocando un reflejo de eyección aún más fuerte.
c) Si es posible, escoger un lugar tranquilo para amamantar. La música fuerte, la luz enceguecedora y mucho movimiento, no son propicios para una amamantada satisfactoria.
d) Amamantar acostada a veces puede ayudar mucho. La gravedad disminuye el flujo de leche. Si la posición acostada sobre el lado no ayuda, ensayar acostarse sobre la espalda y amamantar al bebe sobre sí.
e) Si no hay afán, sacar un poco de leche antes de amamantar (más o menos una onza o 30 ml.).
f) Además de no querer una salida rápida de la leche, el bebé puede impacientarse si el «chorro» es demasiado débil. Si éste parece ser el caso, ensayar la técnica de la compresión del seno, para conservar un buen flujo de salida.
g) El problema puede agravarse si el lactante no se prende bien al seno. La buena toma del seno es la clave de una lactancia fácil.
h) A veces una pezonera puede ayudar, utilizada como última instancia después de que no haya dado resultado el seguimiento hecho por una persona competente.
j) Como último recurso, más que dar leches preparadas, extraer su leche y dársela al bebé en biberón.
Proteínas extrañas en la leche materna.
Se sabe que ciertas proteínas presentes en el régimen alimenticio de la madre pueden ser excretadas en la leche materna y afectar al bebé. Parece que la más extendida es aquella de la leche de vaca. Otras proteínas pueden también ser excretadas en la leche materna. Su presencia, lo mismo que de las otras sustancias, no es una cosa mala en si. Es por eso que en el tratamiento de los bebés con cólicos, se manda a la madre suspender el consumo de productos lácteos: leche, queso, yogurt, helado y todo aquello que contiene leche. Cuando la proteína de la leche es modificada (desnaturalizada), por ejemplo por la cocción, no debería tener ningún problema.La intolerancia a la proteína de la leche no tiene ninguna relación con la intolerancia a la lactosa. Si una madre es ella misma intolerante a la lactosa, debería también amamantar a su bebé. ¿Qué se puede hacer?
a) Evitar todo producto lácteo durante 7 a 10 días.
b) Si no ha habido ningún cambio, consumir de nuevo productos lácteos.
c) Si ha habido mejora, retomar gradualmente este consumo, si los productos lácteos hacen parte de su régimen alimenticio habitual. La madre no tiene necesidad de tomar, ella misma, leche para producir leche materna. Ciertos bebés no toleran ningún producto lácteo dentro de la alimentación de su madre. La mayor parte lo toleran un poco. La madre aprenderá qué cantidad de productos lácteos puede consumir ella sin que repercuta en su bebé.
d) Si la cantidad de calcio absorbido por la madre es insuficiente al suspender la lácteos, ella puede encontrarlo en otros productos no lácteos. Una semana sin productos lácteos no plantea ningún problema. En efecto, se ha constatado que la lactancia protege a la madre contra la osteoporosis incluso si ella no toma suplementos de calcio y el bebe recibe todo lo que él tiene necesidad.
e) No se deben eliminar demasiados alimentos a la vez. Todo el mundo conoce una madre cuyo bebé se ha portado mejor desde que ella ha dejado de comer brócoli, carne de res, bananos, cebollas, etc. La madre podría terminar por no comer sino arroz blanco! Nuestras dietas alimenticias son demasiado complejas para poder saber exactamente qué afecta al bebé. Con paciencia y tiempo se solucionarán las cosas; pero la leche de tarro no es la solución. Por otro lado, el bebé podría estar mejor si se le diera leche materna en biberón, gracias a la regularidad de la salida de la leche.
Con un bebé con cólico los días y las noches pueden parecer interminables; pero las semanas pasan rápidamente, sobre todo con un bebé pequeño.
Jack Newman es pediatra responsable de una consulta de lactancia en Toronto, Canadá. El artículo fue publicado en la LLLettre N°58 de enero-marzo/2003, de la Liga de La Leche de Francia y traducido por Juanita Cuéllar en mayo de 2003.
Entre los alimentos que contienen calcio y no son lácteos están el brócoli, las habas, las zanahorias, las nueces y el chocolate, entre otros.
La compresión del seno
El objetivo de la compresión del seno es ayudar a la leche a salir cuando la succión del bebé no es suficientemente eficaz o cuando el bebé no recibe suficiente leche. Esta compresión provoca el reflejo de eyección de la leche y permite a menudo obtener un flujo de leche más abundante. Este método puede ser útil para:
Esta técnica no es útil si la lactancia va bien. Cuando todo va bien, la madre debe dejar a su bebé “terminar” el primer seno y enseguida ofrecer el otro seno, si el bebe manifiesta quererlo.
¿Cómo saber que el bebé “ha terminado” un seno? Cuando él no traga más leche, hace movimientos de succión rápidos y no hay degluciones. Puede ser útil saber que:
La compresión del seno ayuda a que la leche salga cuando el bebé no tiene una succión muy eficaz, y permite obtener más leche y a la vez obtener la leche del final de la lactada, la cual es rica en grasa. ¿Cómo hacer en la práctica ?
2.- Tener el seno con la otra mano, pulgar en un lado y los otros dedos del otro lado del seno, lejos de la areola (mano en forma de C
3.- Vigilar la manera en que el bebé succiona. Cuando el bebé tiene movimientos de succión amplios, con frecuentes movimientos de deglución (1 a 3 movimientos de succión por uno de deglución) está obteniendo suficiente leche
4.- Cuando el bebé se pone a “chupar” y sus movimientos de succión se vuelven rápidos y superficiales y no traga nada o casi nada de leche, la madre comprimirá su seno (movimiento de “ordeño”) lejos de la areola. El flujo de leche deberá volverse abundante y el bebé recomenzará a ingerir leche. Este gesto no debe ser doloroso ni debe hacerse sobre la areola.
5.- Continuar comprimiendo el seno hasta el momento en que el bebé no trague más leche; entonces la madre parará de “ordeñar” su seno (para descansar y permitir a la leche salir libremente). Posiblemente, el bebé parará de succionar pero volverá a comenzar si la leche sale. Si el bebé continúa lactando cuando la madre ha parado de comprimir su seno, ella podrá esperar un momento antes de recomenzar a comprimir el seno.
6.- Cuando el bebé comienza a succionar, debe recibir y tragar la leche. Si éste no es el caso, comenzar de nuevo a comprimir el seno.
7.- Continuar así en el primer seno hasta el momento donde el bebé no pase más leche aunque reciba la ayuda de la compresión. En el caso donde un nuevo reflejo de eyección viniera, dejarlo succionar algunos minutos aunque no tome nada; pero si no hay nuevo reflejo de salida de la leche, quitar al bebé del seno.
8.- Colocar al bebé en el otro seno si parece desearlo. Repetir, entonces, el proceso.
9.- Es posible también, si la madre lo desea, cambiar de seno para mayores tomas durante una misma lactada (superalternancia)
10. Trabajar en el mejoramiento de la colocación al seno y/o de la succión del bebé.
Este método aquí descrito da buenos resultados a muchas madres. Se puede continuar la compresión siempre y cuando sea cómodo para la madre y en tanto que el bebé trague la leche regularmente. Pero si una madre encuentra alguna cosa que funciona mejor para ella, no debe dudar en hacerlo; lo principal es que el bebé obtenga suficiente leche cuando él lacta (movimientos de succión amplios y lentos, con degluciones frecuentes). Por otra parte, ésta maniobra no es forzosamente necesaria en cada lactada y cuando el bebé se vuelva más eficaz al seno, la madre no tendrá más la necesidad de utilizarla.



