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23/9/09

Cólicos en el bebé amamantado


Los cólicos son uno de los misterios de la naturaleza. Nadie sabe verdaderamente qué son aunque cada uno tiene una pequeña idea al respecto. Habitualmente, los períodos de llanto comienzan cuando el lactante tiene de dos a tres semanas, se producen sobre todo en la noche y finalizan sobre los tres meses o a veces más tarde. Cuando el bebé llora, es inconsolable, pero si es cargado, mecido o paseado en carro, puede calmarse temporalmente. Para que uno diga que es un «bebé con cólicos», el lactante debe tener una ganancia de peso normal y buena salud. La definición de los cólicos se ha extendido casi a todos los «comportamientos molestos» y los llantos de un bebé; lo que no es forzosamente un error, ya que no se sabe verdaderamente qué son los cólicos. No existe tratamiento contra los cólicos; muchos medicamentos y estrategias han sido ensayadas, sin resultados probados.

Todo el mundo conoce el caso de un bebé con cólicos que usando un método dado se ha «curado». Se sabe también que casi todos las soluciones parecen funcionar, al menos temporalmente.

Aparte de los cólicos, pueden reconocerse en cualquier bebé amamantado con ganancia de peso normal y buena salud, tres causas que pueden ponerlo irritable.

  • Dos senos por amamantada.

    La leche materna cambia durante una misma toma. La cantidad de grasa producida por cada seno aumenta a medida que la amamantada avanza. Si el bebé es colocado en el segundo seno muy pronto y antes de que haya tomado la leche grasosa del final de la lactada del primer seno, él recibirá menos calorías de las que hubiera podido recibir si hubiera vaciado ese primer seno; entonces, pedirá el seno más frecuentemente, y si toma una gran cantidad de leche en compensación por la reducida cantidad de calorías, existe el riesgo de que devuelva el alimento. Como la leche así ingerida es relativamente menos grasosa, el estómago se vacía rápidamente y una gran cantidad de azúcar (lactosa) llega al intestino. La enzima que digiere la lactosa, la lactasa, no es suficiente para esta tarea y el bebé puede presentar algunos síntomas de la intolerancia a la lactosa, o sea, tener gases, llorar y tener deposiciones verdosas en chorro. Esto mismo, puede producirse mientras come.

    Estos bebés no son intolerantes a la lactosa, aunque parecen serlo. Y por lo mismo no es una razón para dar leche artificial sin lactosa. Simplemente, las madres deben estar mejor informadas con respecto a la lactancia. Que se debe hacer?

    a) No contabilizar el tiempo de succión. Madres en todo el mundo amamantan con éxito sin saber la hora. Los problemas de lactancia son más frecuentes en las sociedades donde todo el mundo tiene un reloj.

    b) Ofrecer el primer seno tanto tiempo como sea necesario para permitir al bebe succionar y tragar hasta que él mismo lo suelte o se duerma. Si el bebé succiona solamente durante un corto período, la madre puede utilizar la técnica de compresión del seno para que el continúe succionando eficazmente. Algunos bebé pueden estar en el seno durante dos horas sin alimentarse, habiendo succionado solo algunos minutos. En este caso, la leche tomada puede ser relativamente baja en grasa. Si después de haber terminado de succionar el primer seno el lactante aún tiene hambre, se puede ofrecer el segundo seno a continuación.

    c) En la siguiente comida, la madre puede comenzar por el último seno y proceder de la misma manera.

    d) Los senos de la madre se adaptan rápidamente a este método sin ocasionar ninguna congestión ni desequilibrio.

    e) Ninguna regla obliga a la madre a ofrecer los dos senos en cada comida, como tampoco a ofrecer un seno cada vez. Es conveniente dejar al bebé vaciar el primer lado, si es preciso estimulándolo a tragar por más tiempo por medio de la técnica de compresión del seno; pero si a pesar de esto, él quiere más, entonces ofrecerle el otro seno.

    f) En ciertos casos puede ser útil alimentar al bebé con el mismo seno por más de una comida seguida, antes de ofrecer el segundo seno de la misma manera.

    g) El problema puede agravarse si el bebé no se prende bien al seno. La buena toma del seno es la clave de una lactancia fácil.

  • El reflejo de eyección fuerte.

    Un bebé que recibe demasiada leche rápidamente, puede volverse irritable en el seno y, algunas veces, ser considerado como un «bebé con cólicos». Dentro de este tipo de casos, el bebé tiene una ganancia de peso muy buena. Normalmente, algunos segundos o minutos después de haber comenzado a succionar, comienza a toser, se ahoga y parece querer apartarse del seno. Si se suelta repentinamente, la leche sigue saliendo. En seguida, el bebé puede solicitar el seno repetidamente pero se muestra caprichoso y todo se repite nuevamente. El bebé se mostrará irritado cuando el reflejo de salida de la leche es muy fuerte e impaciente cuando es débil. Las lactadas se vuelven una experiencia frustrante tanto para la medre como para el bebé. En algunos casos raros, un bebé puede llegar a rehusar el seno después de algunas semanas (a menudo cerca de los tres meses). ¿Que se puede hacer?

    a) Si aún no se ha hecho, ensayar a ofrecer un solo seno en cada comida. En ciertos casos se debe ofrecer el mismo seno por dos o tres lactadas antes de ofrecer el otro. En caso de congestión del seno no utilizado, extraerse únicamente la leche que alivie la incomodidad.

    b) Dar el seno antes de que el bebé esté hambriento. No demorar las lactadas dando agua o chupos (un bebé amamantado no tiene necesidad de complementos de agua, incluso cuando la temperatura es alta). Poner el bebé al seno desde el momento en que el muestre señales de hambre. Si está aún adormecido, tanto mejor. Un bebé hambriento se tirará sobre el seno provocando un reflejo de eyección aún más fuerte.

    c) Si es posible, escoger un lugar tranquilo para amamantar. La música fuerte, la luz enceguecedora y mucho movimiento, no son propicios para una amamantada satisfactoria.

    d) Amamantar acostada a veces puede ayudar mucho. La gravedad disminuye el flujo de leche. Si la posición acostada sobre el lado no ayuda, ensayar acostarse sobre la espalda y amamantar al bebe sobre sí.

    e) Si no hay afán, sacar un poco de leche antes de amamantar (más o menos una onza o 30 ml.).

    f) Además de no querer una salida rápida de la leche, el bebé puede impacientarse si el «chorro» es demasiado débil. Si éste parece ser el caso, ensayar la técnica de la compresión del seno, para conservar un buen flujo de salida.

    g) El problema puede agravarse si el lactante no se prende bien al seno. La buena toma del seno es la clave de una lactancia fácil.

    h) A veces una pezonera puede ayudar, utilizada como última instancia después de que no haya dado resultado el seguimiento hecho por una persona competente.

    j) Como último recurso, más que dar leches preparadas, extraer su leche y dársela al bebé en biberón.

  • Proteínas extrañas en la leche materna.

    Se sabe que ciertas proteínas presentes en el régimen alimenticio de la madre pueden ser excretadas en la leche materna y afectar al bebé. Parece que la más extendida es aquella de la leche de vaca. Otras proteínas pueden también ser excretadas en la leche materna. Su presencia, lo mismo que de las otras sustancias, no es una cosa mala en si. Es por eso que en el tratamiento de los bebés con cólicos, se manda a la madre suspender el consumo de productos lácteos: leche, queso, yogurt, helado y todo aquello que contiene leche. Cuando la proteína de la leche es modificada (desnaturalizada), por ejemplo por la cocción, no debería tener ningún problema.

    La intolerancia a la proteína de la leche no tiene ninguna relación con la intolerancia a la lactosa. Si una madre es ella misma intolerante a la lactosa, debería también amamantar a su bebé. ¿Qué se puede hacer?

    a) Evitar todo producto lácteo durante 7 a 10 días.

    b) Si no ha habido ningún cambio, consumir de nuevo productos lácteos.

    c) Si ha habido mejora, retomar gradualmente este consumo, si los productos lácteos hacen parte de su régimen alimenticio habitual. La madre no tiene necesidad de tomar, ella misma, leche para producir leche materna. Ciertos bebés no toleran ningún producto lácteo dentro de la alimentación de su madre. La mayor parte lo toleran un poco. La madre aprenderá qué cantidad de productos lácteos puede consumir ella sin que repercuta en su bebé.

    d) Si la cantidad de calcio absorbido por la madre es insuficiente al suspender la lácteos, ella puede encontrarlo en otros productos no lácteos. Una semana sin productos lácteos no plantea ningún problema. En efecto, se ha constatado que la lactancia protege a la madre contra la osteoporosis incluso si ella no toma suplementos de calcio y el bebe recibe todo lo que él tiene necesidad.

    e) No se deben eliminar demasiados alimentos a la vez. Todo el mundo conoce una madre cuyo bebé se ha portado mejor desde que ella ha dejado de comer brócoli, carne de res, bananos, cebollas, etc. La madre podría terminar por no comer sino arroz blanco! Nuestras dietas alimenticias son demasiado complejas para poder saber exactamente qué afecta al bebé. Con paciencia y tiempo se solucionarán las cosas; pero la leche de tarro no es la solución. Por otro lado, el bebé podría estar mejor si se le diera leche materna en biberón, gracias a la regularidad de la salida de la leche.

    Con un bebé con cólico los días y las noches pueden parecer interminables; pero las semanas pasan rápidamente, sobre todo con un bebé pequeño.

    Jack Newman es pediatra responsable de una consulta de lactancia en Toronto, Canadá. El artículo fue publicado en la LLLettre N°58 de enero-marzo/2003, de la Liga de La Leche de Francia y traducido por Juanita Cuéllar en mayo de 2003.

    Entre los alimentos que contienen calcio y no son lácteos están el brócoli, las habas, las zanahorias, las nueces y el chocolate, entre otros.

    La compresión del seno

    El objetivo de la compresión del seno es ayudar a la leche a salir cuando la succión del bebé no es suficientemente eficaz o cuando el bebé no recibe suficiente leche. Esta compresión provoca el reflejo de eyección de la leche y permite a menudo obtener un flujo de leche más abundante. Este método puede ser útil para:

  • Los bebés que no ganan suficiente peso
  • Los bebés que sufres de cólicos
  • Los bebés que quieren lactar muy a menudo y/o por largo tiempo
  • Alentar a succionar a los bebés que se duermen rápidamente al seno
  • Las madres que tienen los pezones adoloridos
  • Las madres que sufren frecuentemente de mastitis o de canales lactíferos obstruidos.
  • Esta técnica no es útil si la lactancia va bien. Cuando todo va bien, la madre debe dejar a su bebé “terminar” el primer seno y enseguida ofrecer el otro seno, si el bebe manifiesta quererlo.

    ¿Cómo saber que el bebé “ha terminado” un seno? Cuando él no traga más leche, hace movimientos de succión rápidos y no hay degluciones. Puede ser útil saber que:

  • Un bebé que está bien colocado en el seno obtendrá la leche más fácilmente que uno que está mal colocado. Un bebé que está mal colocado no obtendrá leche sino en el momento en que el flujo de leche es abundante. Una cierta cantidad de madres logran lactar más o menos sin problemas, a pesar de una mala posición del bebe al seno, debido a que tienen una abundante secreción de leche.
  • Durante las primeras 3 a 6 semanas, un buen número de bebés se duerme al seno si la leche fluye lentamente, así ellos no hayan obtenido suficiente leche. Pasado este período ellos podrán mostrarse intranquilos en el seno si la leche no es abundante y sale en poca cantidad.
  • Desafortunadamente, esto revela que muchos bebés son mal colocados al seno. Si la secreción de la leche materna es abundante, el bebé tendrá un crecimiento ponderal satisfactorio, pero la madre deberá pagar el precio: pezones adoloridos, bebé con “cólicos”, bebé continuamente en el seno….
  • La compresión del seno ayuda a que la leche salga cuando el bebé no tiene una succión muy eficaz, y permite obtener más leche y a la vez obtener la leche del final de la lactada, la cual es rica en grasa. ¿Cómo hacer en la práctica ? 1.- Tomar al bebé con un brazo

    2.- Tener el seno con la otra mano, pulgar en un lado y los otros dedos del otro lado del seno, lejos de la areola (mano en forma de C

    3.- Vigilar la manera en que el bebé succiona. Cuando el bebé tiene movimientos de succión amplios, con frecuentes movimientos de deglución (1 a 3 movimientos de succión por uno de deglución) está obteniendo suficiente leche

    4.- Cuando el bebé se pone a “chupar” y sus movimientos de succión se vuelven rápidos y superficiales y no traga nada o casi nada de leche, la madre comprimirá su seno (movimiento de “ordeño”) lejos de la areola. El flujo de leche deberá volverse abundante y el bebé recomenzará a ingerir leche. Este gesto no debe ser doloroso ni debe hacerse sobre la areola.

    5.- Continuar comprimiendo el seno hasta el momento en que el bebé no trague más leche; entonces la madre parará de “ordeñar” su seno (para descansar y permitir a la leche salir libremente). Posiblemente, el bebé parará de succionar pero volverá a comenzar si la leche sale. Si el bebé continúa lactando cuando la madre ha parado de comprimir su seno, ella podrá esperar un momento antes de recomenzar a comprimir el seno.

    6.- Cuando el bebé comienza a succionar, debe recibir y tragar la leche. Si éste no es el caso, comenzar de nuevo a comprimir el seno.

    7.- Continuar así en el primer seno hasta el momento donde el bebé no pase más leche aunque reciba la ayuda de la compresión. En el caso donde un nuevo reflejo de eyección viniera, dejarlo succionar algunos minutos aunque no tome nada; pero si no hay nuevo reflejo de salida de la leche, quitar al bebé del seno.

    8.- Colocar al bebé en el otro seno si parece desearlo. Repetir, entonces, el proceso.

    9.- Es posible también, si la madre lo desea, cambiar de seno para mayores tomas durante una misma lactada (superalternancia)

    10. Trabajar en el mejoramiento de la colocación al seno y/o de la succión del bebé.

    Este método aquí descrito da buenos resultados a muchas madres. Se puede continuar la compresión siempre y cuando sea cómodo para la madre y en tanto que el bebé trague la leche regularmente. Pero si una madre encuentra alguna cosa que funciona mejor para ella, no debe dudar en hacerlo; lo principal es que el bebé obtenga suficiente leche cuando él lacta (movimientos de succión amplios y lentos, con degluciones frecuentes). Por otra parte, ésta maniobra no es forzosamente necesaria en cada lactada y cuando el bebé se vuelva más eficaz al seno, la madre no tendrá más la necesidad de utilizarla.


    FUENTE

    21/9/09

    Lactancia Materna y Reflujo

    ¿Bebé con reflujo? Continúe con la lactancia


    El reflujo se presenta cuando el contenido del estómago regresa espontáneamente al esófago. La barrera principal contra el reflujo es el esfínter esofágico inferior (LES por sus siglas en inglés). Esta es una banda de fibras musculares voluntarias que se encuentran dentro del esófago que conducen a través del diafragma desde la cavidad del pecho hacia la cavidad abdominal. Normalmente, existe suficiente presión dentro de esta área del esófago para evitar que el contenido gástrico regurgite desde el estómago.

    ¿Por qué se origina?

    Existen varias razones por las cuales el esfínter esofágico deja de prevenir el reflujo: llenar el estómago en exceso o el incremento de ácido gástrico. Muchos bebés pequeños tienen periodos durante los cuales el LES se relaja, permitiendo que se presente el reflujo. Inhalar o exhalar con fuerza puede también producir cambios de presión que fomentan el reflujo.

    Los tubos nasogástricos que se utilizan frecuentemente para alimentar a bebés muy prematuros o enfermos, pueden provocar la disminución de la presión del esfínter y actuar como un camino para el reflujo. De hecho, los bebés prematuros generalmente tienen un mayor riesgo de sufrir reflujo, lo mismo que los bebés a los cuales se les alimenta con fórmula en lugar de leche de su madre. Se cree también que las alergias a los alimentos juegan un papel importante en algunos casos de reflujo.

    ¿Cómo se manifiesta?

    Los síntomas del reflujo varían desde vomitar, hasta tener dificultad para respirar. Algunos son:

  • vomitadas regulares después de haber comido,
  • escupir más de una cucharada,
  • dolor asociado con el vómito,
  • llanto después de tomar los alimentos, muchas veces repentino e inconsolable,
  • arqueo de la espalda durante la lactada
  • apnea, asma o bronquitis frecuentes
  • bebé que duerme muy poco,
  • poco o ningún aumento de peso en un bebé siempre molesto,
  • infecciones frecuentes en los oídos,
  • rechazo de la comida o necesidad de comer constantemente.
  • La sobrealimentación provocada por un suministro de leche demasiado abundante o un reflejo de eyección de la leche demasiado fuerte en la madre, pueden provocar vómito e incomodidad durante la toma y no debe confundirse con el reflujo.

    ¿Qué esperar?

    Algunos bebés con reflujo amamantan sin molestias. Otros, muy pronto rechazan el seno porque lo asocian con la molestia. Estos bebés pueden mostrar mejoría cuando la madre se extrae un poco de leche antes de ofrecer el seno al bebé, cuando su madre lo amamanta en diferentes posiciones, cuando se eliminan las distracciones, cuando se amamanta al bebé dormido o caminando, con un baño en agua tibia, con un masaje o propiciando el contacto piel a piel.

    Otros bebés, en cambio, desean amamantar todo el tiempo. La leche materna actúa como antiácido y lo alivia. Pero si come en exceso, el síntoma empeora. Por eso se le debe ofrecer solo un seno en cada comida. Algunas mamás comentan que el chupo de entretención calma a estos bebés.

    La dolorosa sensación de ardor estomacal que los adultos conocen como acidez estomacal o pirosis, provoca que los bebés estén inquietos y lloren durante la hora siguiente a la lactada También puede ocasionar que se despierten frecuentemente durante la noche. En casos serios, cuando el contenido del estómago irrita la traquea o se aspira (inhala) hacia el interior de los pulmones, se puede presentar ahogamiento, apnea, cianosis o neumonía.

    Un bebé que simplemente escupe frecuentemente pero está contento y gana peso, no tiene mayor problema que el lavado frecuente de su ropa. Un bebé que sufre dolor y no gana peso, o que no respira bien y muestra señales de estar enfermo, debe ser tratado por un médico.

    La mayoría de las veces, el diagnóstico se basa en la observación de los síntomas para no someter al bebé a exámenes que lo estresan.

    ¿Qué hacer?

    En muchos casos, el esfínter esofágico inferior del bebé se va fortaleciendo y el reflujo cede con el tiempo. La lactancia en sí es un tratamiento para el reflujo, pues permite ofrecer el seno con frecuencia ayudando a la disminución de los síntomas al reducir el suministro de leche de la madre para igualarse a las necesidades del bebé. Otros aspectos que ayudan son:

  • Tomas breves y frecuentes pues promueven la motilidad y vaciado gástrico.
  • La posición es también importante, sin importar la causa del reflujo: mantenga al bebé en ángulo de 45 a 60 grados mientras amamanta y después de la toma, evitando por completo las lactadas horizontales. Entre una comida y otra el bebé puede sostenerse en posición vertical mediante el uso de cargadores, porta bebés suaves o porta bebés rígidos, o descansar en ángulo sobre el pecho de alguien.
  • Coloque al bebé de manera que la gravedad no haga que la leche salga con fuerza. Es posible que el bebé amamante tranquilo en una posición vertical.
  • Si amamanta recostada de lado, eleve la cabecita del bebé usando una almohada o su propio brazo.
  • Amamante en una silla reclinable o usando cojines en la cama que le permitan hacerlo. Ponga la barriga del bebé contra la barriga suya, de frente al seno.
  • La leche artificial permanece en el estómago durante más tiempo y puede contribuir al reflujo.
  • Ya que varios estudios muestran una fuerte conexión entre el reflujo y la alergia a la leche de vaca, el manejo de la dieta puede ser más efectivo. La soya, el huevo y el trigo también desencadenan alergias. La eliminación durante dos semanas de todos los productos lácteos en la dieta de la madre produce frecuentemente una mejoría notable en el bebé que sufre de alergia a ellos.
  • El consumo excesivo de cafeína por parte de la madre (la cual relaja el LES) puede provocar problemas en algunos bebés, al igual que la exposición al humo de cigarrillos.
  • El uso de tomas más espesas no siempre ayuda, puede interferir con la lactancia y aumentar el riesgo de alergias a ciertos alimentos. Estos preparados pueden tener un efecto adverso en el crecimiento de algunos bebés, aumentando el riesgo de problemas respiratorios y como permanecen más tiempo en el estómago, pueden de hecho provocar más reflujo. No obstante, si el cereal es la recomendación del doctor, ofrézcalo al bebé disuelto en leche materna, con taza o cuchara, no en biberón.
  • Destetar al bebé no debe considerarse como una buena solución al problema del reflujo: el reflujo es una condición médica y no un problema de la forma como se alimenta al bebé. En la mayoría de los casos el reflujo puede controlarse a través de un buen manejo de la lactancia, la colocación del bebé al pecho y la dieta de la madre. Cuando estos pasos no ayudan en la solución del problema, quizá se necesiten llevar a cabo más pruebas y buscar otras opciones de tratamientos.


    FUENTE

    8/9/09

    "¡Mi bebé pide el pecho a cada rato!"

    ¿Por qué de repente mi bebé quiere tomar el pecho todo el día?

    Hay muchas razones por las cuales un bebé aumenta la frecuencia de sus tomas. Es normal que los bebés pidan el pecho a cada rato, los bebés no tienen un horario regular para comer como los adultos. O puede ser que esté pasando por un período de crecimiento (llamados "estirones" o " días de frecuencia") donde el incremento en el tiempo al pecho estará estimulando una mayor producción de leche.

    En algunas ocasiones el incremento en el tiempo al pecho puede marcar el principio de una enfermedad. El mamar más a menudo puede darle al niño protección valiosa en contra de diversas enfermedades ya que el bebé estará recibiendo más anticuerpos e inmunidad durante su tiempo al pecho. A veces el incremento tiene que ver con una reacción que el bebé tenga a alguna cosa que usted haya ingerido que le molestó al bebé. Si su bebé tiene síntomas de alergias, o si usted ha notado que el patrón de tomas de su bebé cambia cuando usted consume ciertos alimentos, puede ser que necesite averiguar más acerca de las alergias y sensibilidades alimentarias.


    Si su bebé tiene 3 semanas, 6 semanas, 3 meses o 6 meses, está probablemente pasando por un período de crecimiento. El tiempo extra que el bebé pasa al pecho asegura que la provisión de leche se incremente para poder satisfacer las necesidades del niño durante la siguiente etapa de crecimiento.

    Además de los períodos de crecimiento que se mencionaron anteriormente, los cuales son la principal razón de los "días de mayor frecuencia al pecho", algunos bebés aumentan el tiempo que pasan al pecho por otras razones. ¿Hay cambios grandes dentro de su vida familiar como por ejemplo, se están mudando de casa, se van de vacaciones o tienen visitas? ¿Ha estado usted separada del niño más de lo acostumbrado? ¿Estarán brotándole los dientes al niño, o se sentirá enfermo? A menudo cambios en la rutina o nuevas etapas de desarrollo pueden ser la causa de un aumento en el deseo de mamar del niño ya que busca consuelo.

    Durante aquellos días en los cuales usted siente que no ha hecho nada, no se le olvide darse crédito por lo que ha logrado - ¡satisfacer las necesidades de su hijo!


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    3/9/09

    Posturas: ¿Cómo coloco a mi bebé para amamantarlo? (1)

    Durante las primeras semanas una posición óptima es especialmente importante. Cuando tú y tu bebé están en una posición correcta, tus pezones se mantienen sanos y tu bebé se puede alimentar más eficientemente. Los pezones adoloridos son una razón común por la que las mamás contactan a la Liga de La Leche. Una posición adecuada ayuda a eliminar muchos casos de pezones adoloridos.

    Las Líderes de la Liga de La Leche tienen experiencia en guiar a las madres para lograr una posición correcta. Si te sientes abrumada por la preparación para amamantar a tu bebé, contacta a tu Líder local para obtener información y apoyo. A ella le dará mucho gusto ayudarte a simplificar las cosas.

    Pasos básicos para obtener una posición óptima

    • Acomódate en una posición cómoda con soporte en la espalda, coloca almohadas para apoyar tus brazos y en tu regazo, y tus pies apoyados en un banco o en un directorio telefónico.
    • Coloca a tu bebé cerca de ti, con su cadera flexionada para que no tenga que voltear su cabecita para alcanzar tu pecho. Su boca y su nariz deben estar frente a tu pezón. Si es posible, pídele a quien te esté ayudando que te pase a tu bebé en cuanto estés cómoda.
    • Sostén tu pecho para que no presione la barbilla de tu bebé. La barbilla de tu bebé debe de estar sobre tu pecho.
    • Sujeta a tu bebé contra tu pecho. Asegúrate que tu bebé abra la boca ampliamente y acércalo a ti, deteniendo su espalda (en lugar de la parte de atrás de su cabeza), para que su barbilla se apoye en tu pecho. Su nariz estará tocando tu pecho. Tu mano debe formar "un segundo cuello" para tu bebé.
    • ¡Disfrútalo! Si sientes dolor, separa a tu bebé suavemente (asegurándote de romper antes la succión para no lastimar tu pezón) e intenta de nuevo.

    Probablemente necesitarás repetir con frecuencia esto pasos durante las primeras semanas. Tú y tu bebé encontrarán una técnica que les funcionará después de un poco de práctica.

    2/9/09

    Preparación para la lactancia, ¿es necesaria?

    La forma de los senos que amamantan

    Hasta donde sabemos, ninguna hembra mamífera prepara sus pezones para alimentar a sus crías. Si la mujeres se creen obligadas a hacerlo, y eso no es reciente, es porque en la especie humana, la lactancia no es solo “natural”, sino “cultural”. Y cada cultura posee su propia percepción, especialmente en lo que se refiere a los senos lactantes.

    En numerosas regiones de Africa, por ejemplo, los senos de una madre lactante deben ser largos y pendientes, muy diferentes de aquellos de las mujeres jóvenes. Por tal motivo, ciertas manipulaciones (vendajes apretados, aplastar los senos, entre otras) son practicadas desde el primer embarazo con el fin de quebrar las fibras mamarias.

    En occidente, al contrario, los senos deben permanecer firmes y altos, sin importar las circunstancias. De ahí, los sostenes, las cremas reafirmantes, las pomadas anti estrías, unas más eficaces que otras. Y el miedo recurrente de que la lactancia “daña” el busto.

    No hay necesidad de endurecer los pezones

    En nuestra sociedad es frecuente que la futura madre piense que la lactancia se da sola, aunque también pretende anticiparse todas las catástrofes (grietas, dolores, congestiones, etc.) habituando los pezones con anticipación, endureciéndolos.

    Y la realidad es que existe consenso casi general entre los expertos en lactancia en el sentido de que los dolores de los pezones y las grietas se deben a una mala succión del bebé (mala posición de su cuerpo, de su boca, de su lengua...) y que todas las cremas aplicadas a manera de prevención en nada cambian esta circunstancia (ver recuadro).

    Aún así, nada impide, si la madre lo desea, masajear suavemente los senos durante el embarazo. Esto puede ayudar a algunas madres a acostumbrarse a la idea de que pronto la boca del bebé los succionará con un vigor que puede ser sorprendente. Y esto puede ser útil más adelante cuando la madre desee extraerse la leche.

    De la misma manera, en ciertas parejas, las caricias de los senos y la succión del pezón hacen parte del juego amoroso y pueden ser una manera natural de prepararse para la lactancia.

    A algunas mujeres les gusta aplicar una crema hidratante sobre sus senos y pezones durante el embarazo. Lo que está desaconsejado es aplicar jabón (y sobretodo alcohol) sobre la areola y el pezón porque resecan la piel y hacen que se vuelva frágil. Vale la pena recordar que los senos producen, desde el embarazo, su propio “producto cosmético”: las glándulas de Montgomery, esos pequeños bultos sobre la areola, secretan una sustancia que lubrica y protege los pezones e inhibe el desarrollo de bacterias.

    Los senos se preparan para la lactancia

    De hecho, la parte más importante de la preparación se hace en forma natural y automática: bien sea que la madre haya decidido o no amamantar, su cuerpo se prepara para la lactancia a lo largo del embarazo.

    Los senos aumentan su volumen (es también, con frecuencia, el primer signo de embarazo) y se pueden volver sensibles a medida que la glándula mamaria situada en el interior del seno, se desarrolla. La areola, ese círculo de piel oscura que rodea el pezón, toma un color más oscuro y los pezones pueden volverse más duros y protuberantes. Las glándulas de Montgomery se desarrollan.

    La talla y la forma de los senos y de los pezones varían enormemente de una mujer a otra. Pero el tamaño de los senos no tiene nada que ver con la capacidad de la mujer para producir leche para su bebé: simplemente los senos gordos tienen más tejido adiposo. En el transcurso del segundo trimestre, los senos comienzan a producir calostro, esa primera leche que el bebé absorberá y que tiene una tasa de anticuerpos particularmente elevada. Algunas mujeres notan que hacia el final del embarazo escurre algo de calostro de sus senos. Si ese no es su caso, no hay nada que impida iniciar la lactancia.

    Anteriormente se recomendaba extraer algunas gotas de calostro todos los días para ayudar en la lactancia. Nunca se ha probado que esta práctica ayude a prevenir la congestión o los dolores de los pezones. Tampoco ayuda a tener más producción de leche.

    Si los pezones son planos o invertidos

    Los pezones planos o invertidos pueden hacer que al bebé le cueste trabajo prenderse, pues generalmente es más fácil hacerlo de un pezón protuberante. Con un poco de práctica, y la posición correcta, tanto el bebé como la madre tendrán la pericia suficiente para amamantar con facilidad.

    Diversos procedimientos se pueden usar para remediar este problema. En primer lugar, se pueden usar debajo del sostén las copas que se usan para recoger leche, algunas horas diarias, durante el último trimestre del embarazo. El anillo que descansa sobre la piel ejerce una ligera presión sobre la areola y fuerza al pezón a sobresalir. También es posible usar un sostén viejo al que se le ha cortado un círculo en la punta, de manera que el pezón sobresalga. Algunos especialistas recomiendan los ejercicios de Hoffmann, que se realizan varias veces al día durante el embarazo; se trata de hacer presiones firmes con el pulgar sobre la base del pezón (ver figura).

    La eficacia de estos dos métodos fue fuertemente cuestionada por un estudio que en 1992 comparó cuatro grupos de mujeres: un grupo utilizó las copas, otro practicó los ejercicios de Hoffmann, el tercero recurrió a ambos y el cuarto no hizo nada para prepararse. El estudio no encontró diferencia significativa entre los cuatro grupos en lo que se refiere a la aparición de grietas, a problemas de colocación y a mastitis. La duración de la lactancia fue mucho más elevada... entre las que no hicieron nada en sus pezones!

    Si recordamos que el bebé succiona de la areola y no del pezón, se entiende por qué es más importante aprender a colocar bien al bebé, con un buen “bocado de seno”, más que invitarla a manipularse los pezones durante el embarazo, práctica que al final tiene un resultado más dudoso.

    Cuando hay cirugía del seno

    La mujer que ha tenido una cirugía del seno, se pregunta a menudo si la intervención afectó su habilidad de amamantar. Es importante saber dónde se hicieron las incisiones; si éstas fueron hechas en el pliegue bajo el seno hay gran posibilidad de que ningún ducto o nervio haya sido cortado. Si la incisión está cerca de la axila, es conveniente preguntar al cirujano si tuvo cuidado de no dañar ningún nervio. Las incisiones cerca de la areola indican, con frecuencia, que se cortaron algunos ductos lactíferos y posiblemente haya daño en los nervios. Estas madres pueden presentar insuficiencia en su producción de leche para lactar exclusivamente a su bebé.

    Cualquier duda se puede resolver con el cirujano que practicó la cirugía. Si hay un solo seno afectado, la madre puede amamantar perfectamente con el otro seno. Si el pezón, en alguno de los senos tiene falta de sensibilidad, puede indicar que hay daño severo del nervio, lo que permite pensar que el reflejo de eyección o el de bajada se verán afectados. Además, la pérdida de sensibilidad puede reducir la estimulación nerviosa que se origina en el pezón y va a la glándula pituitaria, lo cual afecta la producción de leche.

    Las reducciones mamarias muchas veces afectan la habilidad para amamantar pues el cirujano remueve secciones completa del seno, incluyendo ductos. Si el pezón ha sido retirado y luego es colocado de nuevo, la posibilidad de lactar exclusivamente es reducida ya que los ductos y nervios fueron cortados.

    En cuanto a los implantes, generalmente no causan problemas, excepto si los canales lactíferos han sido cortados.

    Vestidos y aparatos

    La sociedad de consumo ha previsto que la mujer embarazada debe llegar al hospital, armada de toda una parafernalia de aparatos “indispensables” para la lactancia: cojines, copas, protectores, extractores, pezoneras, sostenes, cremas...

    Muchos de esos productos son inútiles, algunos hasta son perjudiciales. Lo que si es conveniente comprar, es al menos un sostén una talla más grande que la habitual y esperar que se establezca la lactancia para saber si conviene otro más grande.

    En lo que se refiere a los vestidos, son recomendables los de dos piezas, es decir falda y blusa o pantalón y blusa. Estos permite levantar la parte superior para instalar al bebé en el seno sin tener que “despechugarse”. Por el contrario, cuando es necesario abrir botones para que el bebé lacte, es muy posible que el seno libre también quede al descubierto.

    La verdadera preparación

    De hecho, la verdadera preparación, aquella que hace la diferencia entre una lactancia exitosa y una que fracasa, no se hace en el cuerpo, se hace en la cabeza.

    La verdadera preparación consiste en ver, desde pequeña, a mujeres de la familia que amamantan con felicidad. Personalmente, recuerdo llevar mi deseo de lactar al ver a mi hermana mayor lactar a su bebé cuando yo tenía 8 años.

    La verdadera preparación se tendría que dar por haber escuchado hablar de lactancia como una manera normal de alimentar a un bebé. Haberlo escuchado en familia, en la escuela, en los libros, las revistas, afiches, en la televisión, el cine...

    La verdadera preparación consiste en informarse durante el embarazo, leer, buscar mujeres que amamanten.

    En efecto, la lactancia es un comportamiento en parte adquirido; su éxito depende del conocimiento de una serie de hechos, de la manera como funciona la glándula mamaria y de las necesidades del bebé, entre otros.

    ¿Cuántos destetes precoces tienen como explicación un problema de lactancia que habría podido evitarse o resolverse si la madre hubiera estado bien informada?

    La verdadera preparación consiste en informarse acerca de las prácticas de lactancia del sitio donde va a dar a luz. ¿Qué pasa con la primera colocación al seno? ¿Separan al niño y la madre en ese “período sensible” que son las dos o tres primeras horas después del nacimiento? ¿Dejan al bebé y la madre juntos durante la noche?

    La verdadera preparación consiste en informarse acerca de la lactancia, pero sobretodo sobre el comportamiento normal de un bebé recién nacido. Muchos padres llegan a ese momento con ignorancia total acerca de lo que es la realidad de la vida cotidiana con un bebé, y con expectativas totalmente idealistas. Por ejemplo, si el bebé no pasa rápidamente la noche, quiere amamantar antes de lo que se espera, tiene cólicos, ellos se van a sentir perdidos, incompetentes... y van a suspender la lactancia acusándola de todos los males.

    La adecuada colocación del bebé impide las grietas

    Pasos muy sencillos ayudan a que el bebé se prenda de manera adecuada al seno. Esto evita grietas y congestión en la madre y asegura que el bebé reciba suficiente leche.

    1.- La madre debe estar en una posición cómoda.

    2.- El bebé debe estar enfrentado totalmente a su madre de manera que no tenga que voltear la cabecita hacia ella para prenderse del pezón.

    3.- Con la punta del pezón, toque el borde del labio inferior del bebé.

    4.- Cuando el bebé abra la boquita, introduzca en ella pezón y areola.

    Recuerde que los depósitos de leche están bajo la areola.

    5.- La nariz del bebé debe tocar el seno de la madre, lo cual no impide su respiración. Si parece que el seno oprime la nariz del bebé, levante al chiquito un poco, en lugar de oprimir el seno con sus dedos.

    6.- Si hay dolor o el bebé se ha escurrido hacia el pezón, rompa la succión introduciendo el dedo meñique en el ángulo de la boca del bebé. Repita la colocación desde el principio.

    Es más fácil aprender a lactar sentada, para aprender a colocar al bebé. Luego usted puede ensayar variaciones como acostada, recostada, caminando.

    La plétora también puede aplanar el pezón

    La plétora, esa congestión debida a la bajada de la leche entre el segundo y el sexto día después del parto, muchas veces hace que el pezón se aplane dificultando su agarre por parte del bebé.

    En ese caso ayuda extraerse un poco de leche antes de amamantar. Eso hace que el pezón salga para que el bebé lo agarre bien. En este tiempo la madre puede sentir además, el seno caliente e incómodo. Las compresas frías entre una lactada y otra alivian la incomodidad y reducen la congestión.


    FUENTE

    31/8/09

    Mitos falsos sobre la lactancia

    A lo largo y ancho del mundo existen ideas, concepciones o certezas acerca del manejo de la lactancia. Unas apoyan a las madres, las dignifican en su quehacer, otras entorpecen el desarrollo de la lactancia o lo truncan tempranamente y al final afectan la salud y sano desarrollo de los bebés, a la vez que llenan de incertidumbre a sus madres. Escogimos algunos mitos que comentamos para tranquilidad de las familias.

    Mito 1: Amamantar frecuentemente al niño reduce la producción de leche, produce un reflejo de eyección débil y el fracaso de la lactancia

    Realidad: La cantidad de leche que una madre produce llega a su punto óptimo cuando se le permite al niño sano amamantar tantas veces como lo necesite. El reflejo de eyección de la leche opera más fuertemente en presencia de un buen suministro de leche, que normalmente ocurre cuando se alimenta al niño a demanda, es decir, sin imponer horarios.

    Mito 2: Una madre necesita amamantar únicamente de cuatro a seis veces cada 24 horas para mantener una buena cantidad de leche.

    Realidad: Los estudios científicos demuestran que cuando una madre amamanta frecuentemente desde que nace el niño, con un promedio de 9,9 veces cada 24 horas durante los primeros 15 días, su producción de leche es mayor, el niño aumenta mejor de peso y la madre amamantará durante un período de tiempo más largo. La producción de la leche ha demostrado estar relacionada con la frecuencia de las tomas. La cantidad de leche empieza a disminuir cuando las tomas son poco frecuentes o restringidas. No hay que olvidar que muchos bebés recién nacidos comen cada hora y media o cada dos horas, lo cual es normal y frecuente.

    Mito 3: Los niños obtienen toda la leche que necesitan durante los primeros cinco a diez minutos de mamar.

    Realidad: Aunque muchos bebés mayorcitos pueden tomar la mayor parte de su leche en los primeros cinco a diez minutos, esto no es generalizable a todos los niños. Los recién nacidos, que apenas están aprendiendo a mamar, no siempre son tan eficientes al pecho y a menudo requieren mucho más tiempo para comer. Poder mamar también depende del reflejo de bajada de la leche materna . Aunque a muchas madres les baja la leche casi inmediatamente, a otras no les sucede igual. En algunas mujeres, la bajada de la leche es escalonada, tiene lugar varias veces durante una sola toma. En vez de adivinar, es mejor permitir que el niño mame hasta que muestre señales de satisfacción, tales como soltarse él solo o tener los brazos y las manos relajados.

    Mito 4: Las madres lactantes deben espaciar las tomas para que puedan llenársele los pechos.

    Realidad: Cada pareja madre/hijo es única y diferente. El cuerpo de una madre lactante siempre está produciendo leche. Sus senos funcionan en parte como "depósitos de reserva", algunos con mayor capacidad que otros. Cuanto más vacío esté el pecho, más rápido trabajará el cuerpo para reabastecerlo. Cuanto más lleno esté el pecho, más lenta será la producción de leche. Si una madre espera sistemáticamente a que se le "llenen" los pechos antes de amamantar, su cuerpo puede recibir el mensaje de que está produciendo demasiada leche y, por tanto, reducir la producción.

    Mito 5: A las ocho semanas de edad el niño sólo necesita entre seis y ocho tomas de leche materna; a los tres meses sólo requiere de cinco a seis tomas; y a los seis meses, no más de cuatro o cinco tomas al día.

    Realidad: La frecuencia de las tomas del niño alimentado al pecho varía de acuerdo con varios factores: la producción de leche de la madre y su capacidad de almacenamiento (las madres con más pecho en general tienen mayor capacidad de almacenamiento), así como con las necesidades de crecimiento del niño. Los días en que se producen picos de crecimiento (días de mayor frecuencia) o el pequeño está enfermo, pueden cambiar temporalmente los patrones alimenticios del bebé. Es importante tener en cuenta que el consumo calórico del niño aumenta al final de la toma, así que imponer límites arbitrarios sobre la frecuencia o duración de las tomas puede desembocar en un consumo demasiado bajo de calorías por parte del niño.

    Mito 6: Es la cantidad de leche que el niño consume, no si es leche materna o de fórmula, lo que determina cuánto tiempo aguanta un niño entre dos tomas.

    Realidad: Los niños amamantados vacían el estómago más rápidamente que los niños alimentados con biberón: aproximadamente en 1,5 horas en vez de hasta 4 horas. Esto se debe al tamaño mucho menor de las moléculas de las proteínas que forman parte de la leche materna y las cuales se digieren con mayor rapidez. Aunque la cantidad de leche que se consume es uno de los factores que determinan la frecuencia de las tomas, el tipo de leche es de igual importancia. Los estudios antropológicos de las leches producidas por los diversos tipos de mamíferos confirman que los bebés humanos están diseñados para recibir alimento con frecuencia y que así lo han hecho a través de la historia.

    Mito 7: Nunca despiertes al niño que duerme.

    Realidad: Aunque es verdad que la mayoría de los niños indican cuándo tienen hambre, es posible que los recién nacidos no se despierten tan a menudo como lo necesitan, por lo que hay que despertarlos para que coman por lo menos ocho veces cada 24 horas. Quizá no se despiertan a causa de los medicamentos que recibió la madre durante el parto, por ictericia, trauma, chupete de entretención, medicamentos maternos o comportamiento introvertido por parte de los niños a los que se les hace esperar cuando dan señales de hambre. Además, las madres que quieran aprovechar la infertilidad natural que produce la amenorrea durante la lactancia comprobarán que el regreso de la menstruación se demora más cuando el niño sigue mamando de noche.

    Mito 8: El metabolismo del niño se encuentra desorganizado al nacer y requiere que se le imponga una rutina u horario para ayudar a resolver esta desorganización.

    Realidad: Los niños nacen programados para comer, dormir y tener períodos de vigilia. No es un comportamiento desorganizado, sino un reflejo de las necesidades únicas de cada recién nacido. Con el transcurso del tiempo los bebés se adaptan gradualmente al ritmo de vida de su nuevo ambiente sin precisar entrenamiento ni ayuda.

    Mito 9: Las madres lactantes deben ofrecer a su bebé siempre ambos pechos en cada toma.

    Realidad: Es mucho más importante dejar que el niño termine de tomar del primer lado antes de ofrecer el segundo, aunque esto signifique que rechace el segundo lado durante esa toma. La última leche (que contiene más calorías) se obtiene gradualmente conforme se va vaciando el pecho. Sucede a algunos niños, si se les cambia de lado de forma prematura, que se llenarán de la leche primera, más baja en calorías, en vez de obtener el equilibrio natural entre la leche primera y segunda. Como resultado, el niño no se satisfará y perderá peso, y probablemente tendrá cólicos. Durante las primeras semanas, muchas madres ofrecen ambos pechos en cada toma para ayudar a establecer el suministro de leche.

    Mito 10: Si un niño no aumenta bien de peso, es porque la leche de su madre es de baja calidad.

    Realidad: Los estudios demuestran que aún las mujeres desnutridas son capaces de producir leche de suficiente calidad y cantidad para suplir las necesidades de crecimiento del niño. En la mayoría de los casos, el escaso peso se debe al consumo insuficiente de leche materna derivado de horarios estrictos, de una inadecuada succión o un problema orgánico del niño.

    Mito 11: Cuando una mujer tiene escasez de leche, generalmente se debe al estrés, la fatiga o el bajo consumo alimenticio y de líquidos. Realidad: Las causas más comunes de leche escasa son: tomas poco frecuentes y/o problemas con el afianzamiento y postura del bebé al mamar. Ambos problemas se deben en general a información incorrecta que recibe la madre lactante. Los problemas de succión del niño también pueden afectar de forma negativa la cantidad de leche que produce la madre. El estrés, la fatiga o la mala nutrición rara vez son causas de baja producción de leche, ya que el cuerpo humano ha desarrollado mecanismos de supervivencia para proteger al lactante en tiempos de hambruna.

    Mito 12: Una madre debe tomar leche para producir leche.

    Realidad: Una dieta saludable y balanceada que contenga verduras, frutas, cereales y proteínas es todo lo que una madre necesita para nutrirse adecuadamente y producir leche. El calcio se puede obtener de una gran variedad de fuentes no relacionadas con los lácteos, como las verduras verdes, semillas, frutos secos y pescados como la sardina y el salmón con espina. Ningún otro mamífero toma leche para producir leche.

    Mito 13: Chupar sin el propósito de alimentarse (succión no nutritiva) no tiene objeto.

    Realidad: Las madres con experiencia en lactancia aprenden que los patrones de succión y las necesidades de cada niño varían. Aunque las necesidades de succión de algunos niños se satisfacen primordialmente cuando comen, otros niños requieren más succión al pecho, aun cuando hayan acabado de comer hace unos minutos. Muchos niños también maman cuando tienen miedo, cuando se sienten solos o cuando algo les duele.

    Mito 14: Las madres no deben prestarse a ser el "chupo de entretención" de su hijo.

    Realidad: Consolar y suplir las necesidades de succión al pecho es el diseño de la naturaleza para madres e hijos. Los chupones (chupetes, chupos, bobos, pepes) son un sustituto de la madre cuando ella no está. Otras razones de ofrecer el pecho para apaciguar al niño incluyen un mejor desarrollo oral y facial, la prolongación de la amenorrea, evitar la confusión de succión y estimular una producción adecuada de leche que asegure un índice más elevado de éxito de la lactancia. Y sobre todo, un niño tranquilo que encuentra consuelo en su madre, lo cual fortalece su desarrollo emocional.

    Mito 15: La confusión tetina-pezón no existe.

    Realidad: La alimentación al pecho y la alimentación por biberón requieren diferentes técnicas orales y motrices. Los chupos o tetinas artificiales proveen una especie de "sobreestimulación" en la que los niños pueden fijarse y preferir al pezón, más suave. Como resultado, algunos bebés desarrollan la confusión de succión y usan técnicas no adecuadas para mamar al pecho cuando se les ha ofrecido biberón y pecho. Esto hace que no sean eficientes obteniendo leche y en ocasiones agrietan a su madre.

    Mito 16: La lactancia frecuente puede dar lugar a la depresión postparto.

    Realidad: Se cree que la causa de la depresión post parto es debida a las hormonas fluctuantes que se presentan después del nacimiento del niño y que puede agudizarse por la fatiga y por la falta de apoyo social. Sin embargo, se da en mujeres que han presentado problemas anteriores al embarazo. Por otra parte, se sabe que las mujeres que amamantan con frecuencia presentan con menos frecuencia depresión post parto.

    Mito 17: Alimentar al niño a demanda no facilita el vínculo maternal.

    Realidad: Responder de forma sensible y rápida a las señales del niño une a la madre con su hijo de tal forma que se sincronizan, lo cual crea un vínculo mayor. Adicionalmente, un bebé que no llora porque es atendido con prontitud, no genera situaciones de estrés familiar debido a su llanto.

    Mito 18: Las madres que miman a sus hijos demasiado y los llevan demasiado en brazos los malcrían.

    Realidad: Los niños a quienes se lleva en brazos a menudo lloran menos horas al día y muestran mayores rasgos de seguridad al crecer. Los bebés necesitan la seguridad de los brazos de su madre más de lo que imaginamos.

    Mito 19: Es importante que los demás miembros de la familia alimenten al niño para que también ellos desarrollen un vínculo.

    Realidad: Alimentar al niño no es la única forma con la que los demás miembros de la familia pueden acercarse al niño. Cargar, acariciar, bañar y jugar con el bebé son muy importantes para su crecimiento y desarrollo, así como para su vínculo con los demás.

    Mito 20: El hecho de que sea el niño quien dirija su alimentación (con la lactancia a demanda) tiene un efecto negativo sobre la relación de la pareja.

    Realidad: Los padres maduros se dan cuenta de que las necesidades del recién nacido son muy intensas, pero también, que disminuyen con el tiempo. De hecho, el trabajo en equipo que se realiza al cuidar de un recién nacido puede unir a la pareja conforme ambos aprenden a ser padres juntos.

    Mito 21: Algunos niños son alérgicos a la leche materna.

    Realidad: La leche materna es la sustancia más natural y fisiológica que el niño puede ingerir. Si el bebé muestra señas de sensibilidad relacionadas con la alimentación, en general se deben a alguna proteína ajena que ha logrado entrar a la leche materna, y no a la leche materna en sí. Esto se remedia fácilmente eliminando el alimento ofensivo de la dieta materna durante un tiempo.

    Mito 22: La lactancia demasiado frecuente causa obesidad en el niño cuando él crece.

    Realidad: Los estudios científicos demuestran que los niños amamantados autocontrolan sus patrones alimenticios y la cantidad que ingieren, que tienden a consumir la cantidad de leche adecuada para su propio cuerpo. Es la alimentación con biberón y la introducción precoz de alimentos complementarios la causa de que se vean afectados de obesidad al crecer, no la lactancia natural.

    Mito 23: Dar el pecho mientras el niño está recostado causa infecciones de oído.

    Realidad: Dado que la leche materna es un fluido vivo y lleno de anticuerpos e inmunoglobulinas, el bebé lactante tiene menor probabilidad de desarrollar infecciones de oído, independientemente de la postura que utilice. De hecho, cuando la madre amamanta sentada, el bebé está horizontal en sus brazos. Además, la disposición de los músculos al momento de succionar cierra la comunicación con el oído.

    Mito 24: La lactancia prolongada más allá de los 12 meses del niño carece de valor, ya que la calidad de la leche materna empieza a deteriorarse a partir de los seis meses de vida.

    Realidad: La composición de la leche materna cambia de acuerdo con las necesidades del niño conforme éste madura. Aun cuando el niño ya es capaz de recibir otro tipo de alimentos, la leche materna es su fuente primordial de nutrición durante los primeros 12 meses. Se convierte en complemento de los alimentos al segundo año de vida. Además, el sistema inmunológico del niño tarda entre dos y seis años en madurar. La leche materna continúa complementando y ayudando al sistema inmune mientras el niño la siga tomando. Investigaciones recientes nos muestran que la leche materna es más rica en grasa y energía después de un año de lactancia: contiene casi 12% más de calorías que la leche de una madre de un bebé recién nacido. Igual sucede con los factores protectores.

    Publicado en Leaven, La Leche League International.

    FUENTE